Desarrollo sostenible, ¿para quién?

01 de agosto de 2011. Según el Informe de la Comisión Mundial sobre medio ambiente y desarrollo (1987), el desarrollo sostenible es el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”.


“Desarrollo sostenible” y “sostenibilidad” se han convertido en términos de moda y políticamente correctos a costa de desvirtuar sus contenidos críticos, incluidos los que implican la definición que encabeza este artículo y los principios de la declaración de Río de Janeiro de 1992, referentes comúnmente utilizados cuando se alude a dichos conceptos. La creciente reducción del desarrollo sostenible a sus dimensiones ambientales, tanto en el ámbito del discurso político como en el de muchos movimientos del activismo ambiental, hace caso omiso de las dimensiones éticas, políticas, sociales, económicas y culturales de la sostenibilidad, con la consecuencia de obstaculizar las alternativas para la construcción de sociedades política, social, económica y culturalmente equitativas y, por tanto, “sostenibles” en su sentido genuino.

En los últimos años ha crecido la sensibilización en relación con los problemas ambientales. Sin embargo, mientras no seamos conscientes de la relación entre los problemas ambientales y la necesidad de cambios cualitativos profundos en el actual modelo económico, político y social, esta “sensibilización” es un maquillaje que no ataca las raíces del problema y, por tanto, no es nada más que, en el mejor de los casos, un paso preliminar para su solución.

El imperio del mercado genera explotación de la fuerza de trabajo, crisis económicas estructurales, injusticia social, corrupción política, pérdida de la diversidad cultural y degradación ambiental. Las políticas económicas denominadas neoliberales (que no tienen nada de “liberales” dado su carácter oligopolista y monopolista) impulsadas por los gobiernos (ya se autodenominen de derechas, de centro o de izquierdas) no responden en absoluto a la idea de desarrollo sostenible. La reducen a menudo a las cuestiones ambientales, lo cual oculta e impide plantear las otras dimensiones de la sostenibilidad y, por tanto, la búsqueda de alternativas al modelo vigente.

Además, tampoco las cuestiones ambientales están suficientemente atendidas. La urgencia de un cambio de paradigma económico comporta la necesidad de dejar de identificar desarrollo con crecimiento económico: no podemos seguir creciendo. Si no queremos agotar los recursos del planeta y queremos que el 80% más pobre de la humanidad pueda dar satisfacción a sus necesidades básicas (requisito indispensable del desarrollo sostenible), el 20% más rico debe decrecer. La tesis de la corresponsabilidad de todos los países en la conservación de la naturaleza soslaya la responsabilidad histórica de los países industrializados en los problemas que hoy afectan al medio natural y a los desequilibrios globales.

El desarrollo sostenible tiene por objetivo la construcción de sociedades equitativas y el medio para alcanzarlas sólo puede ser la participación de todos en la toma de decisiones, lo que requiere una distribución equitativa del poder. Si queremos transformar nuestras sociedades en sociedades sostenibles es preciso desarrollar la conciencia de la necesidad de una transformación profunda del modelo vigente.

Ésta es la función que corresponde a los nuevos movimientos sociales si quieren superar el papel actualmente desempeñado por los partidos políticos y los sindicatos. Deberíamos tomar conciencia de la insostenibilidad de nuestro modelo social, económico y político, y de que, si queremos sobrevivir como especie y desarrollarnos como seres humanos, no sólo otro mundo es posible sino que es necesario.

Artículo de Jordi de Cambra, Coordinador General del Máster en Desarrollo Humano Sostenible, Globalización y Desarrollo Local. Cátedra UNESCO de Desarrollo Humano Sostenible, Universidad de Girona.

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