Nuevos ecosistemas: ¿Qué hacer con ellos?

13 de Abril de 2011. Sobre fines del 2006 Global Ecology and Biogeography publicó un interesante ensayo sobre lo que llaman nuevos ecosistemas. En este artículo dan algunos lineamientos para definir estos ecosistemas y discuten las implicancias sobre su existencia y el manejo de los mismos.

Definen a los nuevos ecosistemas como aquellos que contienen una “composición de especies y abundancias relativas que no han ocurrido en el pasado en ese bioma”. Las características clave son novedad: “nuevas combinaciones de especies con el potencial de cambiar el funcionamiento del ecosistema”, e influencia humana: ecosistemas resultantes de la intervención humana, “pero que no dependen de la misma para su mantenimiento”.

Otras importantes variables descritas en el artículo son las escalas temporal, espacial, y los puntos de quiebre en los equilibrios de los ecosistemas. Los autores sugieren que la modificación de ecosistemas tiene milenios de historia y que nuestro foco debería estar en cuestiones relativas al valor de los nuevos ecosistemas en relación a otros ecosistemas.

Con respecto a la escala espacial, sugieren que debe tomarse una escala de paisaje ya que “las dinámicas de un ecosistema emergente son determinadas por el transporte y movimiento de organismos en el paisaje, y estos mismos ecosistemas pueden actuar como fuentes de propagación hacia otros ecosistemas”. En referencia a los puntos de quiebre, los autores se refieren no a cambios a equilibrios alternativos dentro del ecosistema natural, sino a cambios a un estado nuevo, causado, por ejemplo, por una invasión de nuevas especies. Los cambios pueden estar basados en quiebres bióticos o abióticos. En ese sentido, Hobbs presenta un gradiente de degradación, en el cual el quiebre biótico se presenta como previo al quiebre abiótico, éste último representaría un mayor nivel de degradación (Hobbs 2007).


Comienza aquí uno de los temas de mayor interés del artículo: ¿Como deben manejarse estos ecosistemas y con que objetivos? Los autores se preguntan hacia donde debe ser guiado el sistema, tanto si está en transición como si ya está estable. Se parte de la base de que será muy difícil lograr que estos sistemas sean retornados a un estado más natural debido a los costos y el esfuerzo necesario.

Los autores consideran importante comenzar a manejar este tipo de ecosistemas, más allá de que en muchos casos se sabe que no podrán retornar a su estado “natural”. Lo hacen desde la convicción de que es necesario comenzar a prestar atención a ecosistemas con mayor grado de degradación, y de que se debe sustituir la dicotomía hombre-naturaleza por un mejor entendimiento de cómo los seres humanos interactúan con la naturaleza.

Comprendida la lógica, y más allá de estar de acuerdo o no con ella, resta preguntarse con qué objetivo se manejan estos ecosistemas. Los autores no llegan a contestar esta pregunta, y tan solo sugieren algunas interrogantes a explorar a futuro y aseguran que deben ser manejados para beneficio de la sociedad, valoración que puede ser considerada por demás antropocéntrica.

El grado de modificación del nuevo ecosistema hace que difícilmente el objetivo de manejo sea la “restauración”. Sin embargo, discusiones en el marco de la disciplina de la ecología de la restauración pueden servir para orientar el manejo de dichos ecosistemas.

La ecología de la restauración ha recibido múltiples criticas en el pasado, siendo calificada como “el sustituto New Age de la psiquiatría”, o la “costosa auto-indulgencia de las clases altas” (ver Choi 2007). Sin embargo, existen dos características salientes de la discusión sobre la ecología de la restauración que la vinculan a la discusión descrita más arriba sobre nuevos ecosistemas.

Por un lado está el reconocimiento de que la ecología de la restauración es “una ciencia aplicada, como la ingeniería, que tiene un vínculo directo con los intereses humanos”. Por ende los objetivos de la restauración están influenciados por intereses sociales y se deben considerar rehabilitaciones ecológicas funcionales en lugar de restauraciones de un pasado nostálgico (Choi 2007: 352). Choi hace un uso deliberado de la palabra rehabilitación en lugar de restauración. La palabra rehabilitación denota la intención de restablecer ciertas funciones ecológicas y no volver el ecosistema a un pasado pre- disturbio.

Por otra parte Miller y Hobbs (2007), en su ensayo dedicado a analizar cuanto sabemos acerca de la restauración de ecosistemas, hacen un análisis de los objetivos de la restauración de hábitat. Por hábitat se refieren no a áreas de vegetación similar como cuando uno se refiere a “tipos de hábitat”, sino a un “área con una particular combinación de recursos y condiciones ambientales requeridas para que individuos de una determinada especie o grupo de especies puedan llevar a cabo el proceso de vida” (382). Miller y Hobbs sugieren una serie de pasos para llevar a cabo un proceso de restauración. El primero de ellos es la selección de especies focales o blanco. El siguiente paso es identificar los recursos bióticos y abióticos necesarios para la persistencia de dichas especies.

Luego de identificadas las especies focales o con necesidades de conservación, y las características del nuevo ecosistema y sus recursos bióticos y abióticos, resta hacer una suerte de acoplamiento. Una vez encontradas las “parejas”, los objetivos secundarios, ya que el primario es la conservación de la especie seleccionada, y las opciones de manejo se vuelven mas sencillas de llevar a cabo, será necesario encauzar el nuevo ecosistema hacia características que favorezcan la sobrevivencia de las especies focales en sus distintas etapas del ciclo de vida.

Considerando que algunas de las especies focales pueden llevar su ciclo de vida en distintos hábitat, es necesario tomar consideraciones a escala de paisaje. Aquí los ecosistemas nuevos pueden ser manejados para hacerlos más permeables y de esa forma mejorar la conectividad entre parches, o proveer recursos para determinadas etapas del ciclo de vida de algunas especies.

La existencia de ecosistemas nuevos “imposibles” de “restaurar”, en conjunto con el reconocimiento de los valores antropocéntricos de la restauración, no necesariamente deben llevar a concluir que el manejo de estos ecosistemas deba tener como objetivo únicamente la satisfacción de necesidades humanas. En la literatura relacionada con la conservación y restauración de ecosistemas urbanos es corriente sugerir varios “usos” simultáneos para un mismo ecosistema, área, parque o hábitat.


Un parque utilizado para recreación puede cumplir, por ejemplo, importantes funciones de corredor para algunas especies si se incluye vegetación con la estructura adecuada. A su vez, esa vegetación y ese parque pueden estar cumpliendo con funciones de regulación hídrica muy importantes en una matriz de superficies duras.

El manejo de ecosistemas nuevos no debe perder de vista que dentro del gradiente de ecosistemas “silvestres” a “degradados” existe gran cantidad de especies que dependen de la permanencia de estos ecosistemas. Prueba de ello es el impacto que el abandono de ecosistemas agroproductivos está teniendo en varias partes de Europa, principalmente en el Reino Unido.

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