¿Qué peligra: el Planeta Tierra o la Humanidad?

Desde el inicio de un proceso de industrialización extensiva, denotado por la Segunda Guerra Mundial, científicos iniciaron a notar cambios trascendentales en los componentes de la atmósfera. Estos cambios proyectados al futuro indicaban que las condiciones atmosféricas, oceanográficas e hidrológicas serían preocupantemente diferentes para los inicios del siglo XX.

Esos continuos cambios superficiales, que son proyectados en la actualidad hasta los años 2050 y 2100, son de una ocurrencia tangible e ineludible y han sido más que evidentes ante los ojos del mundo por sus consecuencias cada vez más desastrosas. Esto indiscutiblemente ha despertado el interés de la comunidad científica global, de algunos de los gobernantes de los países del mundo y de activistas ecologistas mancomunados en organizaciones de carácter local e internacional.

A consecuencia de ello se ha estado suscitando algo que podría denominarse como un enfoque erróneo de la problemática del cambio climático en términos globales. Muchas de estos científicos y organizaciones ecologistas están argumentando que el Planeta Tierra, en su absoluta complejidad, está en peligro y esto no es del todo cierto. El planeta no está en efectivo peligro, un hecho que es probable científicamente, y en cambio, quienes estarían verdaderamente en peligro, serían la humanidad y las especies dependientes a esta.

¿Por qué razón la Tierra no está en peligro?


Al través del tiempo la Tierra ha sido víctima de procesos bastante conflictivos. Durante los últimos cuatro mil quinientos millones de años de historia terrícola se han registrado catastróficos eventos como la extinción masiva de casi la totalidad de las especies orgánicas, impactos de meteoritos y cometas cuyos diámetros han sido superiores al kilómetro de longitud, ciclos volcánicos y sísmicos intensos, el reverso absoluto de los polos magnéticos de la tierra e intensas y erráticas edades de hielo. Unos eventos sumamente catastróficos que, únicamente en circunstancias y contextos extraordinarios, podrían ser comparados en magnitud con el posible impacto de la industrialización humana.

La capacidad de la tierra para sostener la vida en términos generales no se verá trascendentalmente vulnerada por los alegados efectos del accionar humano en la tierra, pues hasta la actualidad los más escándalosos escenarios planteados por científicos muestran variaciones de los niveles oceánicos por encima de los 6 metros. Este punto, en particular, puede caer en controversia ya que la tasa de extinción de especie en el planeta ha resultado ser excesivamente elevada en relación a la media de las demás épocas de las eras geológicas terrestres, sin embargo esto no ha ocurrido por cambios drásticos en las condiciones atmosféricas, oceanográficas o geológicas de la tierra, sino por la destrucción de los hábitats de la fauna y flora terrícolas por la urbanización humana. En resumen, los hombres están exterminando estas especies y no han sido los cambios en las capas atmosféricas , oceanográficas y geológicas del planeta los responsables de ello.

En definitiva, lo que se está sucediendo en la Tierra no afectará de manera significativa su capacidad para retener a los humanos y a las demás especies de animales u plantas , pues los cambios no cambiaran peligrosamente la proporción de los bioelementos almacenados en cada una de las capas terrestres tal y como han ocasionado anteriores eventos de amplio y efectivo conflicto terrestre. Los humanos, por otro lado, sí podrían estar autodestruyendo su hábitat con acciones que potencialmente podrían elevar de manera mínima las temperaturas de los océanos y la atmosfera.

La tierra no peligra, pero sí toda la humanidad. La Tierra, probablemente, retendrá su capacidad de albergar vida durante cientos de millones de años y una indicación que contradiga esto, con un enfoque puramente antropogénico, solo puede considerarse como un atentado ignorante de arrogancia por parte del hombre contra una “entidad” que ha sobrevivido cuatro mil quinientos millones de años de adversidades aún mayores que la industrialización de la sociedad humana.

Ha llegado el tiempo para que las organizaciones ecologistas cambien sus “eslóganes” y dejen de preguntarle a los gobernantes del mundo sí están en la dispuestos a salvar a todo el planeta, pues este no peligra realmente. En cambio ya sí es hora de que estos empiecen a preguntarles si desean salvar a los miles de millones de hombres que viven en zonas costeras y si están en la disposición de salvar a toda la humanidad!

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