El cambio climático nos afecta a todos: ¡comprométase!

El tiempo apremia. Antes de que acabe el año, Dinamarca acogerá uno de los acontecimientos políticos más importantes de nuestro tiempo. En tan sólo 10 meses, abriremos las puertas del Bella Center de Copenhague y, durante un par de semanas, se llenará de ministros de aspecto severo, negociadores atareados y representantes entusiastas de varias ONG.

La tarea es sobrecogedora. 192 países deben llegar a un acuerdo que pueda limitar el que quizá sea el mayor reto al que se enfrenta la humanidad en el siglo XXI: el cambio climático antropógeno.

Las consecuencias son nefastas y ya se están produciendo. En todo el mundo, el tiempo está cambiando. Las precipitaciones son cada vez más torrenciales; las tormentas, más duras; y las sequías, más prolongadas. El deshielo de los casquetes de hielo en Groenlandia y el Ártico se está acelerando y los niveles del mar se están elevando. Los hábitats de plantas y animales se ven amenazados. La producción alimentaria está en peligro.

El año pasado, observé con mis propios ojos cómo la subsistencia de los pobres granjeros de Mali se vio amenazada por una prolongada sequía y, a continuación, ahogada literalmente por cascadas de lluvia. El respectado economista inglés Lord Nicholas Stern predice que millones o incluso cientos de millones de personas podrían haberse convertido en refugiados climáticos en 2050, huyendo de la falta de agua, las hambrunas y los desastres naturales.

Por si fuera poco, el cambio climático está en un momento clave. Si no se detiene, el aumento de temperatura puede desencadenar una avalancha de efectos que aumentará el ritmo de los cambios dramáticamente y hará que éstos sean irreversibles. Según el Dr. Pachauri, premio Nóbel y presidente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), sólo tenemos diez años para invertir esta tendencia.

En su cuarto informe de evaluación, el IPCC, que consta de más de 2.000 científicos e investigadores, llegó a la conclusión con una certidumbre de más del 90% que las actividades humanas han contribuido al calentamiento global. El aumento de temperatura está causado por una cantidad cada vez mayor de gases de efecto invernadero en la atmósfera terrestre, entre ellos CO2. Las emisiones de CO2 provienen principalmente del uso humano de combustibles fósiles como el carbón y el petróleo.

En cualquier caso, tenemos que ser más inteligentes en el futuro: En 2050, habrá 9.000 millones de habitantes en el planeta; de ellos, 8.000 millones vivirán en lo que hoy denominamos países en vías de desarrollo. En mi opinión, esto demuestra que el crecimiento económico debe ser un crecimiento sostenible. Los recursos mundiales son escasos. La eficiencia energética y la búsqueda de nuevas soluciones energéticas más inteligentes son tareas fundamentales en los años venideros.

En Copenhague no se resolverán todos los retos del cambio climático de una vez por todas. Pero si todo va bien, la conferencia puede convertirse en el momento en que los líderes mundiales se unieron y tomaron pasos significativos para limitar el peligroso y destructivo cambio climático.

Es un gran honor acoger este acontecimiento. Dinamarca acepta esta tarea con humildad y consciente de que, por mucho que nos esforcemos, no hay garantías de éxito. Trabajaremos para conseguir un resultado ambicioso. Sin embargo, si un país no está de acuerdo, todo el proyecto puede desmoronarse. Así pues, como anfitriones, tenemos obligaciones especiales. Debemos escuchar y moderar. Debemos asegurarnos de llegar a un acuerdo y de que todos los países lo aceptan.

No obstante, además de escuchar y moderar, tenemos otro trabajo importante: incluir a todo el mundo. Personalmente, creo que es muy importante que la conferencia no se limite a un grupo restringido de actores profesionales: políticos, burócratas y empresarios.

El cambio climático nos afecta a todos. Se trata de las elecciones que hacemos cada día. Contribuimos al cambio climático cada vez que cogemos el coche, cada vez que encendemos la televisión, cada vez que volamos en avión. Así puede, todo el mundo tiene una responsabilidad personal para actuar y comprometerse.

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